El último paso: La receta

Cuando comencé mi blog, prometí que compartiría los pasos que me han ayudado a manifestar mis deseos.

Paso 1: Dejar de reaccionar

En el blog pasado compartí más a detalle el cómo hacer esto, porque estamos muy acostumbrados a reaccionar en automático. Y no siempre es fácil cambiar nuestra conducta de la noche a la mañana. Ni tampoco cambiar nuestros pensamientos y emociones. Sin embargo, si queremos manifestar cosas diferentes, debemos dejar de hacer, pensar y sentir lo mismo de siempre.

Paso 2: Adquirir nueva información

Aquí te invité a que replantearas tu forma de pensar. Porque si quieres realizar nuevas manifestaciones, necesitas nuevas ideas y formas de ver la vida. Los conceptos que ya te compartí son acerca de la importancia de la repetición, el cómo todo es una unidad aunque la mente nos haga creer en el tiempo y espacio. También te platiqué que la vida realmente es un espejo que te permite conocer tu interior, que hay 2 tipos de metas y que el camino para “llegar” a ellas es a través de tu brújula personal. Después me metí en temas polémicos como la voluntad, la rendición y el perdón. Y por último la importancia de estar en tu centro y ubicar siempre la lección detrás de cada situación.

Paso 3: Tener claro lo que deseas y mantener un estado de plenitud.

Porque eso le da dirección a la energía que siempre está fluyendo a través de mí. Donde pongo mi atención ahí estoy creando.

También te compartí herramientas para lograrlo, como la meditación y escribir tu sentir.

Hoy quiero compartirte el 4to y último paso que he utilizado para manifestar lo que deseo. Y es básicamente mi capacidad de sostener mi estado emocional de felicidad. Sé que lo mencioné en el paso 3, pero quiero ponerlo como el paso final y separado del deseo, porque en verdad ¡es lo más importante! ¿Qué otra cosa más importante puede existir, que ser feliz y pleno? ¿Qué?

¡Lo que todos buscamos es ese estado de plenitud!

Llamémosle paz, amor, gratitud, felicidad, dicha, plenitud, abundancia. Todos ellos se sienten de forma maravillosa porque sientes que lo tienes todo y eres todo. Tal cual los atributos del ser que soy.

Entiendo que la vieja receta de la felicidad me ha dicho que lo encontraré en el mundo de las formas, en las cosas físicas. Pero si ya has intentado esa receta una y otra vez, sin lograr nada; mejor te invito a que cambies de receta y dejes de buscar donde no está.

Aprendí de Esther Hicks una metáfora acerca del 4to paso. Ella comenta que no hay un momento en el que digas “ya está”, “ya llegué”, “ya aquí se acaba mi búsqueda”, “ya la hice”, “ya está”. No. Así no funciona. Mientras viva en ésta experiencia humana, y mis 5 sentidos estén atentas al afuera; mi mente siempre se distraerá por lo que sucede afuera. Puedo en este instante sentirme super feliz y en paz, pero si al siguiente segundo llega mi hija estresada, posiblemente reaccione y luego mi mente en automático se quede atorada en el tema.

Que sucedan las cosas no podemos evitarlas. Las situaciones suceden, afuera siempre está cambiando. Y, que mi mente las observe tampoco puedo cambiarlo. Lo único donde tengo un ligero atisbo de control es en: qué hago cuando las observo. ¿Reacciono?, seguramente si porque así funciona el sistema automático. ¿Me llegarán pensamientos y juicios? Si seguramente también. ¿Entonces donde entro “yo”? En mi decisión de qué hacer con eso que observo.

Y es aquí donde entra el 4to paso.

¿Qué tan capaz eres de ser movido por el mundo exterior, pero al mismo tiempo, tu ser permanecer feliz y pleno?

Regresando a la metáfora que aprendí de Esther Hicks, ella comenta que mi capacidad de mantener un estado emocional de felicidad y plenitud, es como el señor que trabaja en el circo, dando el show de cruzar de un lado a otro, a través de una cuerda floja. El señor debe ir super atento a sí mismo: todo el tiempo. De ello depende si se cae de la cuerda y muere, o bien, si se mantiene estable y logra llegar a su destino. ¿Si ubicas esa escena del circo?

Ah!, pues así es, tal cual, este 4to paso. Tal cual.

Así como ese señor debe ir atento a su interior, cuidando su equilibrio, para llegar a su destino; así yo también debo caminar observando mi interior cuidando mi sentir.

Hay que aprender a ir por la vida siempre atenta a mi sentir. En el día a día, ubicar cada ligero movimiento emocional hacia lo negativo, y de inmediato, ajustar internamente para regresar al estado emocional positivo.

Si vas caminando, sin prestar atención a tu sentir, sino más bien, distraída por las cosas externas, no te sorprendas si comienzas a manifestar cosas desagradables, o a tener problemas, o sentirte de repente en depresión.

Esto sucede cuando te olvidas de tu sentir.

Entre más tiempo te olvides de tu sentir, más se agrava el asunto.

He aprendido eso: a no esperar a que esté, “todo echo un desmadre” afuera, para decir: ¡ay! ¿En qué momento genere todo esto yo?

Porque, ¿quién más, si no yo, toma las decisiones en mi vida? ¿Quién más tomas las decisiones por mí?

Entiendo que la vida sucede, y que todo sucede sin preguntarme, sino que simplemente sucede. Los pensamientos llegan, las cosas se mueven, me late el corazón sin haberlo pedido. ¡Es más!, hasta nací sin haberlo pedido. Pero ¿Tú que haces frente a lo que sucede?

Ese es el meollo del asunto.

¿Qué visión eliges?

¿La que te lleva al amor y la dicha? ¿La que te sostiene en la cuerda floja? ¿La que te hace ser manifestadora de tus deseos en medio del todo que está aconteciendo? ¿O prefieres ser sólo espectadora y víctima de lo que otros, con su enfoque y emoción están manifestando a tu lado?

En sí, en esta vida, la experiencia que tengo es sólo mía.

Ante un mismo evento, cada persona elige como verlo y qué hacer con eso.

Aunque la forma física sea una, la percepción, juicio y visión son millones de opciones.

Y digo millones de opciones porque la mente es super creativa; pero en realidad sólo hay dos caminos: el de la paz y el de la no paz.

No hay más, tú eliges.

Una vez un querido amigo me dijo:

“Oye Ari, no sé cómo hacerle para que me vaya bien. Es decir, me estuvo yendo bien, me sentía muy bien, pero de repente; algo pasó que me empezó a ir mal. Sé que debo estar tranquilo, pero con todos los problemas frente a mí, no logro enderezar mi negocio.”

En ese momento yo pensé:

“¿O sea cómo? ¿Cómo espera resolver sus problemas, sino es, a través de su sentirse bien? Me dijo que se sentía bien, le iba bien, pero que de repente ya no.

¿Espera que le diga “haz esto” o “haz aquello”? Es decir, ¿Espera encontrar la respuesta en el hacer?

Es que cuando habla de su sentirse bien, lo hizo como si no fuera suficiente. ¿Qué está buscando? ¿Qué está esperando?”

Esta imagen de él me hizo ver como las personas, teniéndolo todo consigo, aun así estoy esperando ver “algo” que me quite el problema. Como una especie de ceguera, no me doy cuenta que lo que busco está en mí. Incluso haberlo tenido, se pierde porque no veo donde está lo importante.

Él tenía la clave (sentirse bien), pero la perdió en el ajetreo de afuera. Lo perdió en el mundo de pensamientos, expectativas y juicios.

Pero lo perdió de forma ilusoria, obviamente, porque nunca perdemos nuestro SER. Nunca perdemos la felicidad que somos. Creemos perderla en la ilusión de la mente que sueña en pensamientos sobre el pasado y futuro inexistentes. Y yo al ver esos pensamientos, los creo y me asusto. Pero sólo son un sueño. Siempre estamos presentes y completos.

Por eso, para mí, la clave que “me llevará” a donde quiero, es la meditación y observación constante de mis emociones durante el día.

Pongo entre comillas que “me llevará” porque realmente no hay un lugar a donde ir y no hay un tiempo que transitar para llegar. Ya que siempre estamos en el mismo presente y muy completos. Pero para fines de explicarlo mejor, así lo escribo.

Regresando al ejemplo de mi amigo, tuve que enseñarle donde estaba lo importante porque lo había perdido de vista por estar inmerso en las historias futurescas de miedo y escasez que había decidido contarse y creerse.

Le hice ver que se estaba cotando puros cuentos que no aplicaban al presente y que su presente estaba obedeciendo a los cuentos que se había estado contando días o semanas atrás.

También le dije que lo importante no era la mente, sino el SER.

Que lo importante no era el tiempo futuro o pasado, sino el PRESENTE.

Que lo que buscaba, ya estaba en él y que vivir desde ahí, a pesar de que lo que hoy veían sus ojos en su mundo,  le permitiría, con constancia y fe, ver sus deseos hechos realidad en el mundo físico.

Pero que el proceso era así: de adentro hacia afuera. De tu sentir a la forma física.

Que en realidad, como les he dicho en blogs pasados, no hay afuera y adentro. Es lo mismo. Por eso tu afuera corresponde a tu sentir. Porque sólo es un espejo. Y la forma de cambiar lo que sucede en tu mundo físico, es cambiando primero tu mundo NO físico.

El mundo NO físico es el más importante porque de ahí parte todo.

Entonces, de tarea, recuerda poner tu atención NO EN LAS FORMAS FÍSICAS. No en el mundo de la forma. Porque ahí no hay mucho que hacer, más que observarlo y maravillarte de lo que has manifestado (bueno o malo) es reflejo de ti. Entonces mejor, poner tu atención en tu sentir.

Si te pierdes en el mundo de las formas, te enganchas a ellas, te hipnotizan y luego andas batallando con ellas. Se te olvida que son sólo una proyección de ti.

Mejor, sugiero, enfocarme en sentirme feliz. Y sí, claro, si estaré viendo mi afuera porque  no puedo evitarlo, pero ya lo veré diferente. Lo veré sólo como material informativo de que tan feliz y consciente soy. Pero hasta ahí.

En verdad es super bonito ser feliz y ver como mi afuera me da los frutos que quiero. Feliz no por los frutos en sí, sino feliz de saber que son resultado de mi felicidad y nivel de conciencia. Es muy muy lindo. Dices “wow” que maravilla, pero hasta ahí.

Nada de “loca por el resultado”. No.

El resultado en el ámbito físico es lo de menos, cuando ya eres feliz.

Con todo cariño,

Ariadna Salazar León